Tierra de Ahulema

Tierra de Ahulema

viernes, 7 de enero de 2011

TEORÍA DEL CONJUNTO VACÍO

TEORÍA DEL CONJUNTO VACÍO

Con aire de tribunal secreto y sabor a mandrágora, llevado por unairedesílaba, vientremecido por las horas bajo un horizonte sangrirojo, quise escuchar el decadente rumor que chapotea de las boquiescamadas sirenambarinas.
Tras un golpe de silenciopaco y entre algas verdemoco, la noche, contra las rocas, acercaba un murmulloroso como imagen de espejo en navíos de arrecife.
La náusea de inquietud seguía en mis bronquios.

Volví tras mis pasos, abandoné el ecomudo horizontal. Volví para sentir un tacto de vidrio y el regusto de unjotabeconhielo para estrangular soledades y tomar el valor de entregarme a un cuerpo de aveinteuncompleto y fuera comecostras de mis huecos mientras bañaba con mi sudor sus pezones viejos macerados por tantas bocas.
Dulce et decorum est..
Y el vacío, los vacíos se expandieron, small-bang, tras media hora y un bañohigiénico.
Con el rostropaco y devuelto a la calle, retomé la huella del vidriohelado entre mis dedos y en el paladar otrojotabeconhielo, recostado sobre un mármol y un ventanal panorámico en 3D (sin gafas bicolores).
Fumaba, golpedetos, y amontonaba las colillas en el cenicero, tos-tos-tos, entornando los ojos, tos-tos-tos, y el espasmo convulsionaba mi cuerpo.
De vez en vez, cuando algún capricho lo disponía, una silueta, hombre y/o mujer, atravesaba el exterior mostrando un cabizbajo aspecto y un ronco caminar. El vacioscuro de la calle, en su noche, mi hizo más tentador el deseo de caminar; las manos en los bolsillos y la cabizbajez de otros transeúntes sin que mis ojos, entornados siempre, apuntalaran mi vertical.

En una esquina la oscuridad de un gato vomitaba azufre.
Caminé sobre una amalgama de pisadas por calles sin brisa y abandonadolor y algún que otro neón-bar-neón-bar con su dolor para calmar el ansia, hasta las puertas del otoño.
Lengüialetargado, ¿medasuncigarrillo?, mi paladar se llenaba de humo ajeno, miradas adversas y un rumor que goteaba en mis oídos desde la boca del vientre, para apagar esa herida pustulante de con(s)ciencia.
Otrojotabeconhielo, y luego otro y otromáscamarero, hasta olvidar la función de los labios, cubrirlos con un cuerpo (el que anida bajo esos labios) y usarlo para descubrir su mundo.
Callendiagonal, un mendigo asaltó mi miseria, bajo una manta cubría su sueño, sobre su cabeza el cartón manuscrito “si la vida te da la espalda, no lo dudes, dale por culo y disfrútala” (… and the words of the prophets are wirtten on the subway halls…, tenía razón elviejocalvoPaul).
¿Medasuncigarrillo? Necesitaba, tos-tos, alimentar, tos-tos, el estertor.
Cruzaba las calles en su sentido inverso hacia la disposición del tacto. Miré el reloj, sangraba por las manillas que indicaban las primeras líneas de otro mañana. Tos-destemplanza-tos. Oriné contra un muro, seguí el recorrido de mis orines sobre un asfalto cubierto de pesadillas en dirección hacia lo que suponía era esoquealgunosllamanhogar.
Llegué con el aire justo para abrir la puerta y el plomo en el espíritu de mi ojo.
Tras el golpeseco de la puerta sobre mi espalda me rindo a las paredescarnadas, desnudas como mi aliento, por donde atraviesan deshoras a contramano bajo un techo que desgaja su presencia de mi sombra. Hogar varado por el fuego del tiempo.
Sentado en un rincón contemplo la puerta cerrada, tras ella aún permanece la imagen de aquellas ingles y aquella boca que rezumaban semen ajeno sobre la urdimbre del lecho común, y esa piel que me miraba con la indiferencia del hartazgo para clavarse como la aguja de un escorpión en mi nuca.
Sacudo las manos, el cuerpo, tomo una ducha para lavar los demonios, preparo un café para despertarlos de nuevo, bajo la luz exhausta por la esquizofrenia de un reloj, mientras desconfío de la estela de cualquier lágrima.
Descortezo mi nombre para ser menos nombre todavía.


© ANTONIO LINARES FAMILIAR