Tierra de Ahulema

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jueves, 19 de julio de 2012

RAMIRO PINILLA: Aquella edad inolvidable

Aquella edad inolvidable
Ramiro Pinilla
Colección Andanzas

Souto Menaya, el "botas", un joven albañil de Getxo se convierte en el héroe de la final de fútbol de la Copa del Generalísimo de 1943, cuando al sustituir por lesión al gran Zarra, marca el gol de la victoria en la prórroga en el partido que enfrentaba al Athletic Club de Bilbao contra el Real Madrid en Chamartín ante el, entonces, Jefe del Estado.

Aquel joven prometedor, héroe local, ve cómo se trunca su carrera futbolística tras una brutal entrada que le fractura la pierna de manera irreversible. La lesión, la pérdida de objetivos, la búsqueda de un horizonte laboral adecuado para su nueva condición y sus consecuencias se convierten, entonces, en el eje vital del protagonista de Aquella edad inolvidable.

De esta manera Menaya encuentra colocación ensobrando cromos de Blancanieves para una editorial. Este nuevo hábito y alivio vital se trunca cuando llega la temporada de fútbol y entre los cromos de los jugadores de los equipos de la liga, el "Botas", encuentra su propia imagen como delantero del club bilbaíno.

Una nueva novela de Ramiro Pinilla, de nuevo en Getxo, donde los personajes que aparecen, Cecilio (el padre de Souto), Socorro (la madre muda desde la trágica muerte de un hijo a temprana edad), Irune (la novia) y sobre todos ellos la representación de "ese deporte tan democrático que hace que valga lo mismo un gol tras una obra de arte como uno marcado con el culo": el Athletic Club de Bilbao, el equipo de los Zarra, Lezama, Iriondo, Oceja o Menchaca, el Athletic como representación del nacionalismo vasco que afrontaba las finales de la copa en Madrid como victorias ante Franco y su dictadura, su mística y su religiosidad, no sólo en sus visitas a la "Amatxo" de Begoña, sino también en los ejercicios espirituales que realizaban los jugadores y entrenadores en Deusto.

Todo ello guiado por la mano firme de Ramiro Pinilla, con una profundidad en los personajes y en sus actitudes vitales que nunca dejan indiferente al lector.

Gracias don Ramiro, una vez más.


© ANTONIO LINARES FAMILIAR