Tierra de Ahulema

Tierra de Ahulema

domingo, 7 de noviembre de 2010

(DES)ENCUENTRO

Tarde con un color de bronce añejo, sin bruñir, como los edificios de la barriada sacudidos por los efectos de antiguas obras sindicales.
A un lado un pequeño parque mantiene leves tonos verdes, enfrente una escombrera, separados por el ancho de un autobús.
En la orilla del parque, sentado en un banco, un hombre bebe miserias en un litro de cerveza, a su lado una botella vacía, testigo de la estaciones de ese día..

Escondido bajo una derrota, oculta su edad, desprendiendo suciedad y abandono.
Frente a él, al otro lado de la suburbial frontera, un joven, en esa línea de edad donde la infancia se pierde a rasgones, cabizbajo, patea una piedra con la desgana del que espera, todos los días, y tiene el aliento carcomido. Levanta la vista del polvo y su mirada se entrelaza con la del hombre derrotado.
Sacudido, expulsado del descampado, el joven cruza la calle y se acerca al hombre sentado que respira las heces de la botella y olvida su mirada contra el suelo.
Junto al hombre, ausente de su realidad, el joven extiende un brazo sobre el hombro del mayor, le abriga con su presencia, transforma su boca:
- Papá, vámonos a casa, ya es hora.
Del bolsillo saca el porvenir de su padre enmarcado en el metal de su navaja, la única luz que hay en ese momento de la tarde.
- Sí - el adulto balbucea resignado -, ya es hora, vámonos donde quieras.



© GEMMA B. GONZÁLEZ MARTÍN y ANTONIO LINARES FAMILIAR