Tierra de Ahulema

Tierra de Ahulema

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Robert Graves recita The Cool Web




The Cool Web

Children are dumb to say how hot the day is,
How hot the scent is of the summer rose,
How dreadful the black wastes of evening sky,
How dreadful the tall soldiers drumming by,

But we have speech, to chill the angry day,
And speech, to dull the rose's cruel scent,
We spell away the overhanging night,
We spell away the soldiers and the fright.

There's a cool web of language winds us in,
Retreat from too much joy or too much fear:
We grow sea-green at last and coldly die
In brininess and volubility.

But if we let our tongues lose self-possession,
Throwing off language and its watery clasp
Before our death, instead of when death comes,
Facing the wide glare of the children's day,
Facing the rose, the dark sky and the drums,
We shall go mad, no doubt, and die that way.


La Fría Tela de Araña


Los niños son mudos para decir cómo de cálido es el dia,
Cómo de cálido es el olor de la rosa de verano,
Cómo de terribles los desechos negros del cielo de la tarde,
Cómo de terrible el tambor de los soldados,

Pero tenemos el discurso, enfriar el día enfadado,
Y otro discurso, apagar el olor cruel de la rosa,
Conjuramos la noche que sobresale,
Conjuramos a los soldados y el miedo.

Hay una fría tela de araña de lengua que nos enrolla,
Que se retira de la alegría o del miedo excesivos:
Por fin crecemos verdemares y con frialdad morimos
En salobre locuacidad.

Pero si dejamos a nuestras lenguas perder su autodominio,
Deshaciéndonos de la lengua y de su broche acuoso
Antes de nuestra muerte, en vez de cuando la muerte llega,
Encarando el amplio fulgor del día de los niños,
Encarando a la rosa, al cielo oscuro y a los tambores,
Nos volveremos locos, sin duda, y así moriremos.


© Traducción de ANTONIO LINARES FAMILIAR

SEGUNDO ENCUENTRO






Se asoma a su territorio
emboscado en el silencio:

ella regala su cuerpo al sueño,
lo intenta,
concede sus piernas al aire
y decora su cuello con recuerdo de perfumes.

Prende su mirada:
ante el espejo
se ausenta en su memoria
mientras recita: “ya no queda nada”
y añora el mar rompiendo en su boca.

El que se esconde aguarda la próxima cita
prepara el viaje por aquel vientre
y el camino entre el universo de su alma.



© ANTONIO LINARES FAMILIAR

Poema invitado: "Invierno para beberlo" VICENTE HUIDOBRO





El invierno ha llegado al llamado de alguien
Y las miradas emigran hacia los calores conocidos
Esta noche el viento arrastra sus chales de viento
Tejed queridos pájaros míos un techo de cantos sobre las avenidas

Oíd crepitar el arcoiris mojado
Bajo el peso de los pájaros se ha plegado

La amargura teme a las interperies
Pero nos queda un poco de ceniza del ocaso
Golondrinas de mi pecho qué mal hacéis
Sacudiendo siempre ese abanico vegetal

Seducciones de antesala en grado de aguardiente
Alejemos en seguida el coche de las nieves
Bebo lentamente tus miradas de justas calorías

El salón se hincha con el vapor de las bocas
Las miradas congeladas cuelgan de la lámpara
Y hay moscas
Sobre los suspiros petrificados

Los ojos están llenos de un líquido viajero
Y cada ojo tiene un perfume especial
El silencio es una planta que brota al interior
Si el corazón conserva su calefacción igual

Afuera se acerca el coche de las nieves
Trayendo su termómetro de ultratumba
Y me adormezco con el ruido del piano lunar
Cuando se estrujan las nubes y cae la lluvia

Cae
Nieve con gusto a universo
Cae
Nieve que huele a mar

Cae
Nieve perfecta de los violines
Cae
La nieve sobre las mariposas

Cae
Nieve en copos de olores
La nieve en tubo inconsistente

Cae
Nieve a paso de flor
Nieva nieve sobre todos los rincones del tiempo

Simiente de sonido de campanas
Sobre los naufragios más lejanos
Calentad vuestros suspiros en los bolsillos
Que el cielo peina sus nubes antiguas
Siguiendo los gestos de nuestras manos

Lágrimas astrológicas sobre nuestras miserias
Y sobre la cabeza del patriarca guardián del frío
El cielo emblanquece nuestra atmósfera
Entre las palabras heladas a medio camino
Ahora que el patriarca se ha dormido
La nieve se desliza se desliza
se desliza
Desde su barba pulida

martes, 14 de diciembre de 2010

Poema invitado: "Oración por Marilyn Monroe" ERNESTO CARDENAL





Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...

Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!

LEGADO





Tras el recuerdo
la sombra aguarda una presencia,
desea ofrecer la palabra
que desplace las horas
hacia la geometría de los agüeros;

extiende el brazo y extiende
su historia en mi tiempo.

Cierro los ojos,
y descubro en su claridad
la comprensión de la sombra
como aleación de silencios.



© ANTONIO LINARES FAMILIAR

viernes, 10 de diciembre de 2010

EN ESPERA DE UN TIEMPO




Abro el tiempo con este amanecer:
sobre la mano el peso por llegar
y entre los dedos se ovillan
las perspectivas de otro horizonte;

el aliento sostiene la brújula,
destierra las horas
e invita a la mañana
a mantener su brisa;

el tiempo suspende su eco,

sólo aguarda un descubrimiento.



© ANTONIO LINARES FAMILIAR de Nortes

Poema invitado: "El sueño de los caballos muertos" AMALIA IGLESIAS





A Sylvia Plath


La noche esconde espuelas, atesora secretos
para el viajero que se aventura a solas hacia rutas insomnes;
cuando el sueño se acuesta a la deriva
y una embriaguez antigua vuelve a cercar los ojos
-caballos que se despeñan cada noche
y luego recobran vida para volver a suicidarse- .

Alta bóveda abierta
sobre la cicatriz que deja el golpear de los cuerpos remotos
y el galopar penúltimo pradera adentro,
semejante al ruido aquel de las puertas abatidas contra el otoño.

Y preguntar a dónde van cada día sus ojos aún calientes,
el alucinado mirar de los adioses
si desde algún lugar
suplicando su gemido inaudible.

Por la grieta del aire
-cerradura del mundo donde la muerte acecha
apostada en el umbral del sueño útil-
el galopar de los caballos que van a despeñarse
y caen desfiladero abajo,
arrastran la impotencia,
la ingravidez de mis muslos apretados.

Por el alma se adensan los recuerdos en ámbar,
la resina que desprenden pesadillas de entonces,
sólidas como la sangre del cristo crucificado
donde se clavaban mis ojos de niña al salir de la siesta;
gigantescos helechos golpeándome el rostro
mientras mis manos temblorosas apartaban las nubes
para encontrar el mundo
que nunca estaba al otro lado de la niebla.

Detrás vendrá el abismo con su imán desatado,
presiento en el galope su voz más poderosa:
la palabra embrujada, las palabras rotundas
y el galopar constante en los cristales,
su galopar constante...

Luego el vacío, el cenit.

Por la órbita de los caballos muertos
un sopor sin escrúpulos me conduce hasta el alba.

De Memorial de Amauta 1988

jueves, 9 de diciembre de 2010

Poema invitado: "El arma y el cuerpo" MARÍA ANTONIA ORTEGA






Mas sabed que hemos sido acribillados.
Ved los bellos ejemplares que ya han sido abatidos,
y yacen con la mejilla apoyada en la mano sobre la barra de cualquier bar.
Eran los mejores, y todavía no están muertos.
Ved cómo los feroces amantes se lamen sus heridas.
Ahora que el sol se propaga como un reguero de pólvora, cuánto cuesta después
dormir el día.
Para qué redordar ahora el fuego, la sangre, bajo mis pies desnudos la grava de casquillos, y las esquirlas que en nuestro interior se alojan y perduran como recuerdos y el tiro al blanco de la luna.
Son cosas que suceden todos los dias, y que quieren repartirse entre sí los mendigos y los barrenderos.


de DESCENSO AL CIELO

viernes, 3 de diciembre de 2010

TED HUGHES recita February 17th

EXPECTATIVAS FUNDADAS

El éxito de sus trabajos anteriores permitía asegurar que su nuevo libro sería bien recibido por crítica y lectores. Las revistas especializadas y algunos foros hacía tiempo que recogieron el rumor de que estaba finalizando la nueva obra, se aventuraban, incluso, en hablar de la historia sobre la que trataría.

Como el que espera el aliento de una gárgola, sentado en un rincón a contraluz de la ventana, acumula días en su ropa y en su rostro, abandonado a tantas horas y la mirada hundida en busca de lo que resta de alma.
No hay palabras, ni ruidos, sólo el rumor del polvo al cubrir esa naturaleza muerta: muebles, restos de papeles, botellas, algún plato, vasos y el respirar de esa sombra arrinconada.

Atrapado entre borradores, tras abandonar a la lógica, se entregaba a los sueños como vómitos nocturnos, cazadores de dientes, cruz invertida en dársenas muertas.
Sufría imaginando que las palabras cobraban relieve y se esparcían sobre cualquier superficie, todo objeto o lugar eran susceptibles de ser recorridos en la imaginación o en la fiebre.
Sabía que aquello estaba hecho, hacía mucho tiempo que lo sabía, sólo quedaba un trámite pero no era capaz; sólo acercar el dedo a la tecla le producía un dolor intenso en lo que restaba de su aliento. No podía, el peso de sus pensamientos y de sus párrafos asfixiaban su aliento:
era incapaz de pulsar el punto y final.
Desde ciertos lugares donde no llega el eco de la realidad, algunos foros y revistas especulan sobre lo que será un nuevo éxito literario.





© ANTONIO LINARES FAMILIAR

VIII





Bajo un reloj a deshoras
entre madera de penumbra
y memoria de pavesas,
el telar aguarda destejer
cada trazo,
liberar todo aliento allí urdido,
olvidar las manos y los ojos
que llegaron a su invierno.

Entre el polvo de las hebras
y la herrumbre de los surcos,
la escarcha del telar
huye
bajo la puerta de este presente.



© ANTONIO LINARES FAMILIAR

Poema invitado: "El esperado" JORDI DOCE





El tiempo ayuda al mito de lo que no sucede.
Él vendrá o ha venido, no se sabe a fe cierta,
abundan los rumores mas no hay pruebas,
pudo ser aquel viejo de la capa raída
o el callado extranjero que no salió del cuarto
durante días, ¿quién podría asegurarlo?
Mejor no decir nada, mantener la vigilia,
dar órdenes precisas a guardias y aduaneros,
dibujar en el sueño el rostro de quien nunca
dio señales de vida ni declaró su nombre,
en la espera y deseo de que alguna mañana
se anuncie en una vuelta del camino,
incorpore su rostro a nuestro asombro
tan sólo por hallar a sus creadores,
por saber que fue cierta nuestra imaginación.

jueves, 2 de diciembre de 2010

De entre...





De entre las brasas
recolecto las lenguas
que otros rezos mutilaron;

recuéntalas sobre la encimera
grita cada nombre
y sacude el purgatorio mientras
las ratas devoran las noches
y el comején los muros.


© ANTONIO LINARES FAMILIAR

DÉJÀ VU



Dublín, dieciséis de Junio de mil novecientos cuatro. Una lluvia de primavera tardía acaricia el adoquinado sacudido por los tranvías y las botas de cerveceros. Salgo de casa con el ánimo de todos los días: encontrar algún amigo con el que compartir unas pintas y esperar el momento propicio para una cita furtiva.

Contemplo los escaparates mojados, los ventanales mojados, los rostros mojados... una lluvia de primavera tardía rasguña Dublín. Callejeo, me asomo al Liffey, puerta de salida de tantos a los que arrastró su rumor, a un lado y a otro la ciudad decae entre rezos y campanas, el trote de un coche fúnebre atraviesa el Temple como una ola de silencio.
Es mediodía a la sombra del Trinity donde la lluvia parece evitar la ciudad. Calle Duke, entro en el Davy Byrne's donde mi amigo Flynn, el narizotas, suele tener buenas salchichas y patatas para acompañar todo trago; huele a mantequilla, tabaco y licor para hacer olvidar los sonidos más allá del adoquinado.
Sentado en un rincón observo en una mesa dos siluetas que hablan, mido sus formas y su distancia, una con gafas, ese vanidoso de Joyce, de rostro desmembrado que sonríe huraño, toma notas, en un cuaderno, al dictado de la otra figura, ese infeliz de Bloom que toma un vaso de borgoña para tragar el bocadillo de gorgonzola. Bloom, su figura, perdido entre deseos y depresiones, habla ajeno, aparentemente, a cualquier lazo de pensamiento, huido de los lestrigones deshilvana palabras, mientras mastica, algo sobre el trabajo, el funeral de un amigo y algo sobre una torre en las afueras de la ciudad. Pálido, vestido de negro ajado, como su aliento, acaricia su bolsillo de vez en cuando. Apura su consumición sin dejar ningún rastro de ella, y sale acompañado del escritor.

Conozco su camino: andará entre voces que imagina llamadas de camareras con forma de sirenas a las que acude en el hotel Ormond atado a una cerveza, mientras Joyce es su Telémaco sobre el que fundir soledades.
Después se perderá calle tras calle, entre Escila y Caribdis, entre rocas errantes, los bueyes del sol y la sombra de Circe.
Ahora es mi momento, me despido de las narices de Flynn tras el rompeolas de su barra.
Apuro el caminar con el regusto de Guiness, hidromiel, en mi aliento.
Camino con certeza hasta la calle Eccles, Ítaca, tras el número siete, la señora Bloom, mi querida Molly, prepara su cuerpo para mi llegada hambrienta.



© ANTONIO LINARES FAMILIAR

POEMA ANOTADO: To Autumn by John Keats : Poem Guide : Learning Lab : The Poetry Foundation

Revista VULTURE

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Poema invitado: "Cercano A Lo Que Importa (i)" ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO





A Luis Ledo


Como una flor sorprendida en medio del desierto se nos revela la sombra audaz de un cuerpo perdido en la enramada, deslumbrada materia que es casi un sollozo, un advenimiento, puro lenguaje en el verde paraíso de los sueños.

Su pureza es la del desierto, la de la sal dispersa, que el destino del hombre desconoce, el precario equilibrio de la tierra que aspira a lo más simple, al mismo corazón de lo inmediato.

Arde, honda, como una brasa su desnudez definitiva, su desnudez irremediable y sola.