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Se asoma a su territorio
emboscado en el silencio:
ella regala su cuerpo al sueño,
lo intenta,
concede sus piernas al aire
y decora su cuello con recuerdo de perfumes.
Prende su mirada:
ante el espejo
se ausenta en su memoria
mientras recita: “ya no queda nada”
y añora el mar rompiendo en su boca.
El que se esconde aguarda la próxima cita
prepara el viaje por aquel vientre
y el camino entre el universo de su alma.
© ANTONIO LINARES FAMILIAR
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