El escritor JOHN MATEO ha publicado esta reflexión en Facebook, por favor, leamos y escribamos como corresponde. Gracias.
Tierra de Ahulema
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jueves, 29 de marzo de 2012
jueves, 26 de agosto de 2010
OÍR vs ESCUCHAR
oír.
(Del lat. audīre).
1. tr. Percibir con el oído los sonidos.
2. tr. Dicho de una persona: Atender los ruegos, súplicas o avisos de alguien, o a alguien.
3. tr. Hacerse cargo, o darse por enterado, de aquello de que le hablan.
4. tr. Asistir a la explicación que el maestro hace de una facultad para aprenderla. Oyó a Juan. Oyó teología.
5. tr. Der. Dicho de la autoridad: Tomar en consideración las alegaciones de las partes antes de resolver la cuestión debatida.
(Del lat. audīre).
1. tr. Percibir con el oído los sonidos.
2. tr. Dicho de una persona: Atender los ruegos, súplicas o avisos de alguien, o a alguien.
3. tr. Hacerse cargo, o darse por enterado, de aquello de que le hablan.
4. tr. Asistir a la explicación que el maestro hace de una facultad para aprenderla. Oyó a Juan. Oyó teología.
5. tr. Der. Dicho de la autoridad: Tomar en consideración las alegaciones de las partes antes de resolver la cuestión debatida.
MORF. Conjug. modelo.
ahora lo oigo.
1. expr. coloq. U. para dar a entender la novedad que causa algo que se dice y de lo que no se tenía noticia.
1. expr. coloq. U. para dar a entender la novedad que causa algo que se dice y de lo que no se tenía noticia.
como lo oye, lo oyes, etc.
1. exprs. coloqs. U. para afirmar algo que resulta difícil de creer.
1. exprs. coloqs. U. para afirmar algo que resulta difícil de creer.
como quien oye llover.
1. expr. coloq. U. para denotar el poco aprecio que se hace de lo que se escucha o sucede.
1. expr. coloq. U. para denotar el poco aprecio que se hace de lo que se escucha o sucede.
lo que oye, lo que oyes, etc.
1. exprs. coloqs. como lo oye.
1. exprs. coloqs. como lo oye.
me, te, etc., va, van, vas, etc., a oír.
1. exprs. coloqs. U. como advertencia para expresar enojo o irritación. Si vuelvo a verte allí, me vas a oír.
1. exprs. coloqs. U. como advertencia para expresar enojo o irritación. Si vuelvo a verte allí, me vas a oír.
oiga, u oigan.
1. interjs. U. para establecer contacto o captar la atención del interlocutor. Oiga, se le ha caído la cartera.
2. interjs. U. para denotar extrañeza, enfado o reprensión.
1. interjs. U. para establecer contacto o captar la atención del interlocutor. Oiga, se le ha caído la cartera.
2. interjs. U. para denotar extrañeza, enfado o reprensión.
~ bien.
1. loc. verb. Escuchar favorablemente, con agrado.
1. loc. verb. Escuchar favorablemente, con agrado.
~, ver y callar.
1. expr. U. para advertir o aconsejar a alguien que no se entremeta en lo que no le toca, ni hable cuando no le pidan consejo.
1. expr. U. para advertir o aconsejar a alguien que no se entremeta en lo que no le toca, ni hable cuando no le pidan consejo.
oye.
1. interj. oiga.
1. interj. oiga.
¿oyes?, u ¿oye usted?
1. exprs. U. para llamar a quien está distante.
2. exprs. U. para dar más fuerza a lo que se previene o manda.
1. exprs. U. para llamar a quien está distante.
2. exprs. U. para dar más fuerza a lo que se previene o manda.
ser alguien bien oído.
1. loc. verb. Lograr estimación o aceptación en lo que dice.
escuchar.
(Del lat. vulg. ascultāre, lat. auscultāre).
1. tr. Prestar atención a lo que se oye.
2. tr. Dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia.
3. intr. Aplicar el oído para oír algo.
4. prnl. Hablar o recitar con pausas afectadas.
© Real Academia Española

1. loc. verb. Lograr estimación o aceptación en lo que dice.
escuchar.
(Del lat. vulg. ascultāre, lat. auscultāre).
1. tr. Prestar atención a lo que se oye.
2. tr. Dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia.
3. intr. Aplicar el oído para oír algo.
4. prnl. Hablar o recitar con pausas afectadas.
© Real Academia Española

Sigo con mis preocupaciones sobre el uso del idioma.
Aunque partamos del hecho de que lo que hablamos ahora no deja de ser un latín más que vulgarizado y evolucionado, me apena el hecho de que se vulgarice más olvidándose, olvidándonos, del uso de expresiones, adjetivos, verbos... matices al fin y al cabo, esenciales para la comunicación y espantar los malentendidos.
Hoy traigo mi preocupación por cómo ha desaparecido del lenguaje público (medios de comunicación sobre todo) el uso del verbo OÍR, siendo sustituido por ESCUCHAR, dejando de lado algo fundamental en la riqueza expresiva de un idioma: las tonalidades y la intención.
Precisamente en la intención es donde estriba la diferencia de uso entre oír y escuchar, ya que oír es una acción que puede suceder de manera independiente de nuestro deseo o voluntad, mientras que para escuchar sí es necesaria una intencionalidad. Por eso podemos oír sin darnos cuenta, oír sin escuchar (sin prestar atención) o escuchar con detenimiento, es decir, estamos prestando toda nuestra atención (porque nos interesa muchísimo aquello que nos están diciendo).
Entonces por qué, en una conexión, un reportero siempre pregunta "¿me escucháis?", ¡¡¡hombre teniendo en cuenta que está en un medio de comunicación se da por entendido que se le va a escuchar con atención!!! (siempre y cuando aquello de lo que informe sea interesante, si no lo es pues simplemente le oiremos).
ANTONIO LINARES FAMILIAR
lunes, 23 de agosto de 2010
A PROPÓSITO DE "MÍTICO"

mítico, ca.
(Del lat. mythĭcus, y este del gr. μυθικός).
1. adj. Perteneciente o relativo al mito.
mito1.
(Del gr. μῦθος).
1. m. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.
2. m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal.
3. m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima.
4. m. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.
________________________________________
mito2.
(De or. desc.).
1. m. Ave paseriforme de la familia de los Páridos, con plumaje blanco, negro y rosado y larga cola blanca y negra. Es común en España y vive en los bosques, donde construye nidos cerrados de forma inconfundible.
(Del lat. mythĭcus, y este del gr. μυθικός).
1. adj. Perteneciente o relativo al mito.
mito1.
(Del gr. μῦθος).
1. m. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.
2. m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal.
3. m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima.
4. m. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.
________________________________________
mito2.
(De or. desc.).
1. m. Ave paseriforme de la familia de los Páridos, con plumaje blanco, negro y rosado y larga cola blanca y negra. Es común en España y vive en los bosques, donde construye nidos cerrados de forma inconfundible.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Estoy cansado, desde hace tiempo, diría yo más que cansado, realmente harto de que desde hace tiempo en los medios periodísticos todo sea "mítico". No es difícil oír hablar de un "estadio mítico", del "mítico político" o la "mítica canción". La pobreza de recursos lingüísticos y estilísticos de la que está haciendo gala el periodismo español es una lacra tanto formativa como informativa para los consumidores de medios de comunicación, especialmente de aquellos que se dedican al ámbito deportivo (futbolístico en el 94% de los casos).

Estoy cansado, desde hace tiempo, diría yo más que cansado, realmente harto de que desde hace tiempo en los medios periodísticos todo sea "mítico". No es difícil oír hablar de un "estadio mítico", del "mítico político" o la "mítica canción". La pobreza de recursos lingüísticos y estilísticos de la que está haciendo gala el periodismo español es una lacra tanto formativa como informativa para los consumidores de medios de comunicación, especialmente de aquellos que se dedican al ámbito deportivo (futbolístico en el 94% de los casos).
Si seguimos los significados que da la R.A.E. al adjetivo mítico nos encontraríamos que se da un sentido de imaginario e irreal a hechos, actos o personas y a hechos reales; por ejemplo, se habla del "mítico gol de Andrés Iniesta que supuso la conquista de la copa del mundo de fútbol", creo que este jugador no es un personaje ni literario, ni ficticio, aunque tal y como hablan de él sea un nuevo Ulises o Dédalo.
El ejemplo puede ser ramplón y manoseado, lo siento, pero me parece realmente gráfico, como gráfico y lamentable es ese abuso de un adjetivo, que atribuye cualidades y características inexistentes o inmerecidas, y que, tan solo retrata, la paupérrima preocupación por cuidar el lenguaje, su calidad, su precisión y su auténtico valor descriptivo (están muy bien los diccionarios de sinónimos y antónimos, señores periodistas, de verdad, incluso son hasta divertidos, se lo aseguro), de esta manera podrán descubrir palabras como histórico, importante, capital, substancial, auténtico, etc.
Como usuario y consumidor de medios de comunicación, por favor, sólo pido un cuidado a personas que se les supone (como el valor en el ejército) un dominio del lenguaje y de sus estructuras, y que se olviden de comparar a futbolistas con minotauros o cancerberos, a canciones con unicornios, a estadios con olimpos, para volver a un uso lógico de un idioma, Los Beatles son Los Beatles y no unos argonautas.
ANTONIO LINARES FAMILIAR
viernes, 12 de marzo de 2010
Poética

José Hierro afirmó que “la poesía no tiene definición, sencillamente porque no es abordable por la razón. Ni el propio poeta que la escribió es capaz de explicarla a los demás, ni de explicársela a sí mismo. El poeta escribe poesía porque sólo con la poesía puede decir aquello que no puede decir”.
En este punto me encuentro para intentar describir mi poética, un país de buenas intenciones; agarrado a la cita anterior recuerdo al melvilliano Bartleby y, como él, “preferiría no hacerlo”.
Resulta complejo explicar la cartografía por la que pueden transcurrir los poemas de un autor, si bien, en mi caso, la clave que podría dar cierta orientación a los mismos la encontraremos en la memoria, en el recuerdo.
Una ceremonia, la de recordar, que permite un dominio, siempre subjetivo, de la historia tanto personal como colectiva; así como la exploración de un terreno propicio para la reescritura, la reinvención de uno mismo y de su entorno, la fantasía de lo que se supuso vivir, la posibilidad de traicionar, deformar o readaptar cualquier suceso, ya sea vivido, imaginado, soñado o deseado, siempre latente en el interior. Un camino de comprensión de uno mismo y de lo que le rodea, la búsqueda de una luz que ilumine la habitación oscura del vivir. Porque no debemos olvidar la fuerza de la memoria que, como escribió Eliot, es capaz de “arrojar y dejar en seco una multitud de cosas retorcidas”.
Sumemos a ese juego de la memoria, es inevitable, la palabra, la propia y, por encima, la que otros han escrito, marcas necesarias en el recorrido, muescas en la mirada, trayecto imprescindible y multidireccional ajeno a líneas estrictas y cánones establecidos, riqueza al fin y al cabo; palabra como herramienta que, recordemos a Carles Riba, “se usa para entendernos y entenderla”. Con ella completamos el juego poético, instrumento manipulador, distorsionador, re-creador en fin.
Con las palabras nos dotamos de vida escrita, construimos la frase, como René Char, “la dotamos de significado para nosotros y para los demás, incluso si se equivocan”.
Palabra, lenguaje, materia para construir como una forma de desafiar incluso a la lógica, juego cuyo fin, como advertía Valente, “supondría nuestra muerte”.
Palabra, lectura, tiempo y memoria, expresiones de tránsito por el atlas de la poesía.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Sobre William Butler Yeats y "La Escalera de Caracol y Otros Poemas"

En 1933 William Butler Yeats publica La Escalera de Caracol, seis años antes de su muerte y en un momento no sólo de madurez creativa, sino también cargado y renovado en sus energías vitales y de creador tras superar una enfermedad. La Escalera de Caracol supone, dentro de la poética del autor irlandés, una prolongación de La Torre (1928) ambas obras se complementan, se acompañan y crecen en intensidad y significado a la par. En los dos textos encontramos, como si fueran sombras el uno del otro, poemas gemelos en temática y simbología; si en La Torre aparecen, entre otros, ‘Navegando hacia Bizancio’, ‘La Torre’, ‘Mi mesa’ o ‘Un hombre joven y anciano’, en La Escalera de Caracol son ‘Bizancio’, ‘La sangre y la luna’, ‘Un diálogo entre el ser y el alma’ o ‘Una mujer joven y anciana’ sus iguales. Mas es en La Escalera de Caracol donde Yeats avanza en su evolución creativa, donde hace que cada ornamento, cada riqueza de detalle se desvanezca en un fondo oscuro, donde sólo unos pocos objetos (la torre, la llama, la espada…) brillan con una claridad que trasciende de lo natural. Lo que en La Torre era un mundo pleno donde los símbolos se desarrollaban a través de un creciente significado del paisaje, del mobiliario, de coloridos cuadros, se torna, en La Escalera de Caracol, en un universo empequeñecido y doloroso, sin adornos, en blanco y negro, donde los vórtices están en un punto de máxima tensión y parece poco posible representar una imagen humana en un dominio en el que elementos externos al hombre le agitan, mueven y rasgan en una geografía oscura y nocturna.
Es una época en la que el poeta experimenta el verdadero significado de su afirmación “la conciencia es conflicto” y en la que inicia el trabajo de dotar a su obra de un nuevo carácter físico, una nueva solidez del cuerpo, en un intento de “llevar la realización de la belleza tan lejos como sea posible”
La Escalera de Caracol es un poemario con una estructura circular: en su principio y en su final, el nóbel irlandés parece intentar librar algunas imágenes de la perfección del paso del tiempo, mantenerlos aislados a lo caduco y perecedero; sin embargo entre ese ejercicio surge, de la mano del poeta, una celebración de lo inacabado, de lo feo, de lo que sucumbe al tiempo, donde el autor parece querer afirmar el valor de la vida en todo su frenesí, como si la energía de vivir y de lo vivido, fueran un gozo en si mismos. Yeats quiere potenciar, así, la fuerza del cuerpo más que la de la belleza; lejos de perder las sensaciones de la carne, parece apelar a todas las terminaciones nerviosas y sensoriales; de este modo intenta representar, de la manera más completa posible, la experiencia física y los cambios que provoca, seguro de su poder para usar las palabras como el equivalente del cuerpo humano, dotándolas de una carga, cada vez mayor, de simbolismo.
Este poemario es, también, la prolongación de un esfuerzo, por parte del poeta, de construirse un refugio, una edificación de palabras donde acudir y vivir; si en La Torre Yeats intentó reconstruir con sus palabras su casa de Thoor Ballylee (en el condado de Galway), en el libro del que hablamos continúa ese proyecto y lo prolonga y proyecta hacia otros lugares como Coole Park, la mansión de su íntima amiga Lady Augusta Gregory, Lisadell, el hogar de las hermanas Gore-Booth, o Santa Sofía de Estambul, entre otros, y allí no sólo refugiarse el poeta, sino también un lugar de encuentro para amigos, compañeros o figuras que le precedieron tales como John M. Synge, Jonathan Swift, el filósofo George Berkeley, el poeta y político Douglas Hyde o el filántropo Sir Hugh Lane.
Aparecido en el nº 83 de la revista CLARÍN
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