Tierra de Ahulema

Tierra de Ahulema
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viernes, 1 de abril de 2011

XXXVIII




XXXVIII

Sujeto al pomo, antes de entrar
en la nueva calle, el peregrino:

se da la vuelta y endereza
un resto de aliento generador
para que entre el ábrego, enraíce
como piedra huérfana de camino
y olvide la memoria meretriz;

se da la vuelta, se reconoce,
absuelve el mirar de sombras yermas,
devora las espinas, rompe
sobre la mesa cada amanecer
extendido sobre flor de acanto;

se da la vuelta, saca su alma
establece el derribo de los muros,
y aventa las manos de cenizas
para liberar a los dioses privados
de todo golpe de remordimiento;

se da la vuelta, crea y nombra
en ese horizonte por engendrar
huellas de un mar siempre imposible
y el hueso de la niebla, donde acudan
ciervos blancos desde la tierra por descubrir.


© ANTONIO LINARES FAMILIAR

domingo, 6 de marzo de 2011

XXXVII



Camina
sobre la blanca línea del mar
y busca
la entrada a la sombra
de tanta respuesta.

Ante él
un cuervo observa
y bajo sus alas
reúne
la voz de las rocas y el silencio
del caminante
contra el calor de la marea.


© ANTONIO LINARES FAMILIAR de Camino de Alíah

jueves, 3 de marzo de 2011

TERCER ENCUENTRO



El limo de tu presencia
ha llegado a la orilla del viajero,
con las olas de tu aliento
el murmullo del abrazo;

sin apenas percibirlo
el poso de esa otra mirada,
la tuya,
se ha reunido
en la pared desnuda
traída en la espiral de tu voz.


© ANTONIO LINARES FAMILIAR de Camino de Alíah

lunes, 28 de febrero de 2011

XXIII



Desea convertirse en sombra de silencio,
emboscarse entre la tormenta,
hacerse eco de la voz gris del bosque;

se ofrece como cáliz que recoja
la sangre de un dios
y así ser próximo
a quien sus noches gobierne.


de Camino de Alíah


© ANTONIO LINARES FAMILIAR

jueves, 13 de enero de 2011

XVI



Sobre la tierra descubre
el rastro de las pisadas
que moldearan el camino.

Recoge esas huellas,
esas voces,
y esas manos,
bebe de todas sus sombras,
las lleva a su senda,
compañeras de aliento,
y las extiende en cada horizonte para despertar.




© ANTONIO LINARES FAMILIAR

miércoles, 15 de diciembre de 2010

SEGUNDO ENCUENTRO






Se asoma a su territorio
emboscado en el silencio:

ella regala su cuerpo al sueño,
lo intenta,
concede sus piernas al aire
y decora su cuello con recuerdo de perfumes.

Prende su mirada:
ante el espejo
se ausenta en su memoria
mientras recita: “ya no queda nada”
y añora el mar rompiendo en su boca.

El que se esconde aguarda la próxima cita
prepara el viaje por aquel vientre
y el camino entre el universo de su alma.



© ANTONIO LINARES FAMILIAR

viernes, 3 de diciembre de 2010

VIII





Bajo un reloj a deshoras
entre madera de penumbra
y memoria de pavesas,
el telar aguarda destejer
cada trazo,
liberar todo aliento allí urdido,
olvidar las manos y los ojos
que llegaron a su invierno.

Entre el polvo de las hebras
y la herrumbre de los surcos,
la escarcha del telar
huye
bajo la puerta de este presente.



© ANTONIO LINARES FAMILIAR

jueves, 25 de noviembre de 2010

VII




Abre el libro, cae la sombra
de adjetivos desnudos y desinencias en blanco,
con el aire de una elipse sacudida
en la fundición del tiempo
sobre un monte agotado de tanto amanecer.

Pasa la página de nuevo,
reaparece el sabor gris de lo ya leído
prendido desde el ángulo de sus dedos
hasta el plomo de la garganta
a donde llega la espiral encendida de un nombre.

Cierra, olvida la lectura,
sumerge su piel entre el vaho de los desencuentros,
templa su lengua con el horizonte
y se desprende de cada estrofa
para arrojarse
contra la médula del sueño.


© ANTONIO LINARES FAMILIAR

domingo, 17 de octubre de 2010

XLII




Concibe su imaginario
“el tacto apalabrado
en la médula de mi piel
alimenta el golpe de la mañana”,
intenta sostener la noche
entre el abecedario del silencio
“un sabor malva discurre en mi aliento
para volcarse entre los dedos
saciados de tu boca”,
consume el viento lunar
donde se mece el sueño
“tu voz clavada en mis sienes
se esparce, mercurio, contra el suelo
buscando tu senda más allá de la cancela”:
encuentra la puerta cerrada
los inviernos cegaron sus goznes.




© ANTONIO LINARES FAMILIAR de Camino de Alíah

lunes, 27 de septiembre de 2010

V



Llega con la noche clavada entre los dientes
detrás del golpe seco de la puerta,
cerrada como palabra invisible;
extiende el gesto, lo abre al aire familiar
y busca el fin del pasillo;

como velador que acecha en la nada
el ventanal recibe cada tarde
y la dispersa contra las paredes
que le rodean, leales a su hora,
mientras aguarda, en el mismo sitio,
cualquier sonido que le redima
entre el humo que resta su aliento.

Cierra, cae, una vez más;
entregado
se reconoce como esa figura
que ayer vio detrás del ventanal
con su noche clavada entre los dientes.



© ANTONIO LINARES FAMILIAR de Camino de Alíah

viernes, 23 de julio de 2010

XLIX


El peregrino, desde un rincón del despertar:

camina hasta la raíz de la palabra,
busca el germen original,
cruza del páramo de su piel,
desgaja el sudor de los dedos,
desmenuza el alma agrietada,
baña las dunas de su voz,
calma la sed de su espíritu,
no recuenta más agostos,
reanima el hogar desbrozado,
reúne a sus muertos cada tarde,
duerme lejos de la nostalgia,
baja de la cruz los temores,
deshiela los brazos, los labios,
arranca espinas de su médula,
quema el rastrojo de los odios,
guarda la voz que le revive,
lanza los gritos contra el muro,
abre la esclusa de los vientos,
desborda la bruma del sueño,
engulle el furor del insomnio,
tiñe sus lágrimas de azul,
vive, puntual, junto a sus dioses,
siembra la tierra de su corteza.

Se reconoce en quién es.





ANTONIO LINARES FAMILIAR

sábado, 10 de julio de 2010

Primer Encuentro


Ajeno a otros despertares
el viajero extiende su mano
en busca de la piel
escondida tras una sonrisa diferente;
un rostro que anuncia
ser palabra en la mirada,
lienzo constructor de un tiempo
iluminado por el surco de su lengua,
que se despliega sobre el cuerpo
y así alejar toda sombra
que surgiera en el camino.

El recién llegado,
por su parte,
ofrece su historia
donde anide la caricia descubierta
en futuras madrugadas.



ANTONIO LINARES FAMILIAR de Camino de Alíah

domingo, 6 de junio de 2010

XXXI


La uña se quiebra
se clava en la memoria de la caricia,
y arrastra
lo que fue acunado en el frío,
ese
cuya lengua araña
cada cimiento de la espalda:

trazo donde se funden camino
y deseo
desde su propia raíz.


ANTONIO LINARES FAMILIAR

de Camino de Alíah

lunes, 17 de mayo de 2010

LI


Reza sin claridad
porque desconoce su tiempo
macerado entre las fechas
urdidas a su espalda,
páramo descreído;

golpea su frente
con el alma silenciosa,
como un coro donde encauzar sus labios
testigos de tanto silencio
arrojado a los surcos postreros;

hunde el pecho contra el cristal
para enumerar los dioses
que su orgullo incendiara
con polvo de intolerancia
y cubre su frente
con la ceniza resultante.

El viajero
reza sin claridad
porque busca su tiempo.



Antonio Linares Familiar

jueves, 6 de mayo de 2010

III


La mañana descubre la extensión
vacía de la cueva
para que su voz arrastre
toda huella de ceniza.

El frío encoge los hombros,
apresura el caminar
sobre la pendiente de las horas por sentir;
lejos del horizonte habitual
los pasos se deshacen sobre arena distinta
y la mirada se entrega
hacia el reflejo por conocer;

La espalda se refugia
se puebla de otro calor:
el que agrieta la lengua hasta su raíz
y revienta los labios
con la sangre del polvo recorrido.



Antonio Linares Familiar

miércoles, 28 de abril de 2010

VI


Abre el libro, cae la sombra
de adjetivos desnudos y desinencias en blanco,
con el aire de una elipse sacudida
en la fundición del tiempo
sobre un monte agotado de tanto amanecer.

Pasa la página de nuevo,
reaparece el sabor gris de lo ya leído
prendido desde el ángulo de sus dedos
hasta el plomo de la garganta
a donde llega la espiral encendida de un nombre.

Cierra, olvida la lectura,
sumerge su piel entre el vaho de los desencuentros,
templa su lengua con el horizonte
y se desprende de cada estrofa
para arrojarse
contra la médula del sueño.

Antonio Linares Familiar

viernes, 16 de abril de 2010

IX


Sentado
sujeta la brisa
que lleva un rumor de horas;
entre los dedos desmenuza
otro día
y observa cómo
la fragilidad de una voz
sostiene el peso horizontal del frío,
secuela de víspera,
donde albergar la llama
de los silencios.


Antonio Linares Familiar

miércoles, 14 de abril de 2010

II


Cansado, aloja su cuerpo contra una pared
de la noche distinta, aliento de Asterión,
origen de palabras desconocidas
y de sonidos que rasgan el suelo
hasta arañar,
violentos,
el oído que no duerme.

El visitante, inmóvil, no descansa, espera
atrapar la quietud de cualquier sombra
y hacerla suya.

La distancia de un extremo a otro de la noche
se bifurca en voces que buscan
el paladar del sueño que camina
bajo la sien del extraño:

mariposas de hielo retuercen cada gesto
en la bruma de sal.


Antonio Linares Familiar

lunes, 12 de abril de 2010

I


Traspasa el polvo de la puerta,
y un áspero blanco recibe al visitante:
una herida en la mirada.

El horizonte se muestra acotado
por el desnudo vertical hambriento de ecos
para recordar el dolor del frío.

Así el recién llegado se estremece:
con el olvido de su propio caminar
sobre la madera nueva;
lleva el sabor a bruma en la garganta
como duelista mordido por el acero;
con la sombra de su mano
sujeta la única herida
y recuenta los huecos del espíritu
para disponerlos entre vacíos
orientados de levante a poniente.



Antonio Linares Familiar

jueves, 1 de abril de 2010

Encuentro


Crecido en su fe
el peregrino entona su rezo:

“Déjame explorar las noches,
seguir la estela de tu piel,
acercarme al nido de tus labios;

y
déjame asentar la mirada
sobre tu sueño
desde los cardinales de tu forma”