Tierra de Ahulema

Tierra de Ahulema

lunes, 15 de marzo de 2010

Desde la convicción


Huele a limón en el baño, en el dormitorio el vómito nocturno traiciona el despertar. Con pereza, fruto del insomnio, recoge la mesa con restos de otras cenas. Una mirada ante el espejo, el giro de la llave y el eco de la escalera. La calle se amplía sobre un plano habitual.
Con las manos en los bolsillos y el abrigo cruzado, la mañana se abre tras un cigarro, el periódico bajo el brazo y el frío que se destila en cada paso.
Camina sin prisa, mientras añora un rostro que no quiere olvidar como se olvidan aquellos de bruma que pasan ante su presente.
Con pereza sigue la línea que traza el callejero, lleva su sombra en la espalda, como un hilo tejido sobre el asfalto. No teme llegar tarde, el sonido del invierno le cobija.
Otro cigarro y el paso se ralentiza con el aplomo que da la certeza.
Quieto, ante él la vertical de la ciudad despliega el grito que no se oye. Sonríe a los testigos.
No retrocede, una leve duda, mira el reloj, tal vez sea tarde.
Un impulso, y llega a tiempo para ver su propia muerte.